La práctica de dormir con nuestros hijos, conocida comúnmente como colecho, es mucho más que una simple elección sobre dónde pasar la noche.
Sin duda es una filosofía de crianza que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes y que hoy se sitúa en el centro de un intenso debate social.
Hay diversidad de opiniones al respecto, ya que esta decisión suele estar cargada de dudas, miedos y, a menudo, de juicios externos.
Vamos a explorar este mundo, a través de nuestra propia experiencia con 3 hijos y ofreciendo una visión profunda y, sobre todo, humana, que permita a los padres navegar esta etapa con seguridad y confianza plenas.

Para hablar con propiedad, debemos distinguir entre términos que a menudo se confunden.
El colecho (o co-sleeping) se define, en un sentido amplio, como la práctica en la que bebés o niños pequeños duermen en proximidad física con uno o ambos progenitores, permitiendo que puedan verse, oírse y tocarse con facilidad al estar pegados unos con otros.
Sin embargo, dentro de esta práctica existen matices fundamentales que marcan la diferencia en términos de seguridad y logística, como veremos a continuación:
• Bed-sharing (Compartir cama): Es la modalidad donde el bebé duerme directamente en el mismo colchón o superficie que los adultos. Es la forma más ancestral, pero también la que requiere de una serie de protocolos para minimizar riesgos.
• Cuna de colecho o «sidecar»: Consiste en utilizar una cuna especialmente diseñada para acoplarse firmemente al lateral de la cama matrimonial, retirando uno de sus paneles. Esta opción es la más equilibrada, pues ofrece todos los beneficios de la proximidad y la lactancia sin compartir la misma superficie de descanso.
• Cohabitación (Room-sharing): Aquí el bebé duerme en su propio espacio independiente (moisés o cuna tradicional) pero dentro de la misma habitación que los padres.

Históricamente, el colecho fue la norma absoluta hasta el siglo XIX en Europa.
Antes de la industrialización y del aumento del tamaño de las viviendas, las familias dormían juntas por necesidad de espacio, calor y protección.
En la naturaleza, el ser humano es el mamífero más inmaduro al nacer, lo que llamamos exterogestación, lo que implica que el bebé necesita otros nueve meses fuera del útero con condiciones similares de calor, de latido constante y de alimento.
Para culturas como la de Japón, el colecho es la norma y se practica hasta edades avanzadas, asociándose incluso con el respeto a los antepasados.
Por otro lado, en Occidente, la transición hacia habitaciones separadas fue impulsada por valores de independencia que nos alejan de nuestras raíces y costumbres.

Sin lugar a dudas, colecho seguro no es solo una comodidad, sino un regulador fisiológico por unas cuantas razones, a saber:

Si como familia decides practicar el colecho, lo suyo es que estéis bien informados al respecto para asegurar que conozcáis las pautas imprescindibles para convertirlo en toda una experiencia, como son:

Es importante el colecho, pues permite que los padres y el bebé descansen a la par.
Y, qué mejor forma que estando ambos en el mismo lugar, eso sí, pendientes del descanso reparador del pequeño.

En el mercado actual existen múltiples opciones para facilitar la práctica del colecho.
Las cunas sidecar son, bajo nuestra experiencia, la inversión más inteligente (tras 3 hijos consecutivos y mucha experiencia al respecto podemos afirmarlo, han sido muchas horas de sueño, de lloros, de pecho, de sueño, etc y eso no nos lo quita nadie).
Al elegir una, hay que fijarse en que sea regulable en altura para que no queden escalones entre los colchones y que el sistema de anclaje sea muy sólido y firme a la vez.
Otro accesorio común son los conocidos como nidos de colecho.
Si bien pueden ser útiles para delimitar el espacio dentro de la cama.
Éstos, deben cumplir criterios estrictos, como son: estar fabricados con materiales transpirables, que la base sea muy firme y que no tengan cintas o lazos peligrosos.
Sin embargo, debemos revisar la temperatura en el interior del mismo.

Una de las preguntas más frecuentes es:
«¿Hasta qué edad es recomendable el colecho?».
La respuesta corta es: hasta que la familia quiera.
No existe una edad obligatoria para dejar de colechar.
La decisión de la transición a la habitación propia debe ser gradual y respetuosa.
Algunas señales de que el ciclo está terminando y debemos dejar de colechar son:
Para facilitar esta transición, es importante empezar por las siestas en su nueva cuna.
Así como el mantener rutinas de sueño estables y, quizás, usar algún objeto de apego familiar que le brinde la debida seguridad en su nuevo entorno.

Esperamos os haya gustado el texto que, tras varios años de experiencia con nuestros propios hijos, varias camas, colchones y cunas, hemos aprendido muchísimo y os hemos intentado transmitir aquí.
Ahora, que ya sabéis bastante sobre este mundillo infantil donde padres e hijos están en sincronía, os pasamos a descubrir nuestra tienda online, pero antes que descubráis las preciosas valoraciones.
Que, de Cositas Chulas, nos habéis puesto los clientes:
Ahora sí, pulsando en la imagen de más abajo llegaréis a la tienda: